introduccion


 

Una asociación al servicio del renacimiento
de las culturas y de las tradiciones vivas...
para Europa.

 

Dulzaina es una asociación creada en 2009,
que tiene por vocación promover la cultura y las tradiciones.
Para nuestra asociación una cultura o una tradición se mide por su capacidad de estar vivo.
 

Dulzaina es el nombre de un instrumento de música, un instrumento de viento.

Se le da este nombre a un cierto tipo de flauta que a veces se acopla

a un fuelle como en la gaita.

Este modelo se repite en toda Europa.

Es una de las herencias de nuestros orígenes celtas.

 

Por lo tanto hemos elegido como símbolo, no solamente la música, arte por excelencia

que trasciende y reúne, pero que además representa a las raíces profundas y grandes del

territorio occidental....de sonido ligero y suave (como su nombre indica)

Lo que, para nosotros,  corresponde al campo de acción de la asociación.

 

 

La cultura y la tradición corresponden a las especificidades de un grupo étnico, regional, territorial, geográfico... Estas especificidades de naturaleza son expresadas por los que se reconocen en una pertenencia común.

 

Una tradición viva tiene que dinamizar los individuos, procurarles alegría, ser fuente de creatividad, de regeneración, de relación, de repartición, de comprensión de las diferencias...de orgullo sin vanidad, de la que se vive en comunión con su medio natural y sabe aportar a los demás grupos, su unicidad propia con su calidad de complementaria.

 

Por lo tanto, una costumbre que perdura por repetición, pero en desfase con los contextos conciénciales de su medio y de su época, delata su dificultad en permanecer viva.  Cuando se vuelve un fenómeno de museo, y con ello está dejado de lado por las nuevas generaciones, es el signo que los procesos de esta tradición ya no son ni sentidos ni comprendidos y por consiguiente no adaptados a una situación de cambio.

 

Las tradiciones se ven hoy en día bajo un aspecto formal...pero cuando se trata de perpetuación solamente formal...sería más justo darle otro nombre que él de tradición, ya que en este caso se trata de un residuo memorizado cuyo sentido original se perdió, ya que los individuos han perdido acceso a las fuerzas que regentaban estos movimientos.

 

La tradición viva es evolutiva...teniendo los conocimientos que le permiten adaptarse al nivel de conciencia creciente en cada nueva generación. Se trata de un fenómeno diferente en todo del proselitismo exagerado hoy en día pero más uniformador  y deshumanizante que evolutivo...

 

Para aquello hay que hacerse preguntas, que permitirían no sólo de volver a entender el sentido real de la tradición y entonces vivir sus pertenencias territoriales, geográficas, sanguíneas en creatividad permanente y nutriente para todos : mujeres, hombres, ancianos, jóvenes, lugares de vida, fauna y flora...

 

Es para nosotros imperativo reflexionar acerca de las especificidades propias de un grupo étnico o regional. El esclarecimiento de esta toma de conciencia, nos parece importante para comprender las leyes de vida que animan a los humanos y para buscar las formas correspondientes, a la vez, a la esencia de un pueblo y a sus necesidades propias de su naturaleza, para una época determinada.

 

Ya que hasta ahora, las tradiciones se han quedado largo tiempo en un mismo formato, correspondiente a necesidades, que bastante bruscamente, ya no son de actualidad...éstas permanecen en la mente ligadas al pasado...

Sin embargo, la tradición viva, la que lleva el conocimiento de la Vida, y la transmite con una ingeniosidad creativa no sobre intelectual, pero emocional, festival, iniciadora...lleva consigo la capacidad de regenerar al pueblo que la vive...contrariamente a lo que se da generalmente.

 

Lo que se designa como tradición, perdura a menudo gracias a los que tienen todavía el recuerdo...más que para recargar de fuerza un lugar, un grupo, los pueblos, las especies, las generaciones...

 

Cuando la tradición es fuente de toma de conciencia, de comunión, de liberación de nuevas fuerzas creativas, representa un pedestal para el futuro, mucho más sólido que los sistemas uniformadores.

 

La cultura sigue el mismo camino.

 

Cuando cultiva procesos especulativos...

cosecha formas vacías que conllevan el agotamiento, la sequía, el nihilismo...En este caso confunde los frutos con los productos de consumo sin relación a las necesidades reales que cualquier aprendiz humano necesita para hacer crecer su humanidad.

 

Esto conlleva para nosotros, que toda tradición o cultura mueve a su pueblo  ilusoriamente cuando se queda sorda y ciega al conocimiento de lo vivo.

 

 

¿En calidad de ignorante de nuestra naturaleza, como  pueblo, como individuo, como femenino o masculino, como generación, podemos crear verdaderamente? ¿Podemos todavía esperar, una regeneración, actuando a tientas o reproduciendo solamente modelos preexistentes?

 

 

Lo comprobamos, las tradiciones como la cultura no implican ya a nadie. Las miramos desde el exterior, pero no las vivimos. Nos volvemos espectadores, consumidores de entretenimientos visuales, sonoros, intelectuales...y desde lejos damos nuestras opiniones o críticas sin que nuestra carne haya realmente experimentado algo.

 

La perdida del sentido de la implicación, de la experiencia, de lo vivido carnalmente engendra especulaciones infinitas, “modos”, sistemas que tienen poco que ver con el conocimiento de las particularidades de naturaleza. Al contrario aquello enriquece más los estigmas compensatorios que genera el desconocimiento de la Vida.

 

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